Samer Hassan en el “Ágora FIFED”: blockchain para una nueva economía colaborativa

 

Sumamos conocimientos e innovación para impulsar el desarrollo económico

 
 Samer Hassan, en el centro, junto al presidente de FIFED, Vicente García Gil, y la consejera Almudena de la Mata.

Samer Hassan, en el centro, junto al presidente de FIFED, Vicente García Gil, y la consejera Almudena de la Mata.

 

 

A Samer Hassan le interesa, por encima de todo, construir herramientas que faciliten el trabajo a las comunidades, que puedan ayudar a la sostenibilidad de los movimientos sociales, lo que entronca con la filosofía del “procomún”, un modelo de gobernanza para el bien común por el cual los bienes y servicios nos pertenecen a todos y a nadie al mismo tiempo y que Hassan enarbola.

 

El pasado 20 de junio, este activista, investigador y profesor, en ese orden, nos acompañó en nuestro “Ágora FIFED” para hablarnos de este nuevo tipo de economía colaborativa que él propone y que pretende acabar con los problemas económicos y de gobernanza actuales.

 

Gracias a una beca ERC del Consejo Europeo de Investigación, de 1,5 millones de euros, la más cuantiosa de la Unión Europea, Hassan cuenta con un equipo de profesionales de las ciencias sociales y la informática de la Universidad Complutense de Madrid para poner en marcha un proyecto de organizaciones autónomas descentralizadas (DAO) basadas en blockchain que arrancó en enero de este año y sobre el cual avanzó algunos detalles durante el encuentro.

 

Este profesor adjunto en el Centro Berkman Klein para Internet y Sociedad en la Universidad de Harvard y profesor contratado doctor en la Complutense plantea que compañías como Uber o Airbnb han nacido siguiendo el paradigma clásico, de economía del monopolio: ninguna otra startup se atrevería a hacerles sombra, “no hay disrupción posible”, defiende el profesor. Y como tal, y a pesar de que ofrecen un valor, no permiten la interacción ni la influencia de la comunidad en la toma de decisiones.

 

Pero Hassan va más allá. Para él la participación del usuario debe estar presente también en la repartición de los beneficios, porque los gastos para el mantenimiento serían menores y los usuarios contribuirían al desarrollo del negocio. “Por medio de una plataforma descentralizada, como blockchain, el coste de entrar en el mercado es menor: no se necesitarían servidores, sino que solo habría que asumir el coste de creación y mantenimiento del software”, dice Hassan. Por otra parte, la gobernanza sería más democrática (el usuario pondría las reglas y decidiría la evolución de la plataforma) y la reputación o historial del usuario sería compartible con otras aplicaciones a través de una identidad compartida.

 

A pesar de su apasionada apuesta y confianza en esta tecnología, el investigador asume que “a día de hoy no funciona nada, más allá de las criptomonedas: es una tecnología muy difícil de programar, sobre todo una blockchain pública (porque las privadas no son blockchain, ya que no respetan sus valores de distribución del poder). Hay muy pocos desarrolladores y la tecnología aún necesita mucho desarrollo”.

 

Hassan reconoce que blockchain es todavía muy inmaduro, “algo que ocurre con todas las tecnologías en sus primeros años” y que vive su momento de transición “hacia la progresiva descentralización de las estructuras”.